Existe un mito persistente según el cual Europa y Estados Unidos inventaron la democracia, mientras que los países de América Latina se dedicaron a imitarlos. Sin embargo, a mediados del siglo xix, la mayoría de las repúblicas del mundo se encontraba en América Latina. Allí, los pueblos experimentaron con el republicanismo y la democracia, dando origen a nuevas visiones de la modernidad. En lugar de mirar a Europa como la cuna exclusiva de la civilización, colombianos y mexicanos imaginaron que el futuro surgiría de sus propias sociedades. Así, el signo más relevante de la modernidad no fue la cultura europea, sino el impulso republicano de las sociedades americanas. Las Américas eran el futuro; Europa, el pasado. A pesar de ello, tras este florecimiento democrático, hacia finales del siglo xix surgió una reacción contra la participación política de los sectores subalternos. Políticos e intelectuales abandonaron su compromiso con la democracia y comenzaron a privilegiar el orden y las promesas del desarrollo capitalista. En vez de ser la vanguardia del mundo, una nueva visión de la modernidad celebró la industrialización europea y estadounidense, y calificó de fracasos las repúblicas americanas. La vanguardia del mundo resalta la importancia de Colombia y México en la creación de la democracia y del republicanismo mundial.