El Ciego Dávila es solterón, vive con su madre, trabaja en un banco y tiene una miopía tan abundante como sus kilos de más. No tiene otras razones para seguir viviendo que sus jornadas de pesca dominical. Uno de esos domingos, cuando se dirige a la laguna donde acostumbra a pescar, un par de chicas muy her- mosas le piden un aventón. Desde que le dicen «Llévanos, gordito», Dávila no se puede resistir a su embrujo ni a las consecuencias de ese encuentro tan particular.