Para García Márquez la crítica literaria es «una actividad parasitaria», con excepción de la realizada por Ernesto Volkening, cuyos ensayos destacan «por su buena escritura y abundante savia, por estar cargados de ideas, de gozosas asociaciones, y por su visión rica, profunda y convincente de las cosas, de las motivaciones de los seres humanos y de las criaturas literarias», según expresa Santiago Mutis Durán en el prólogo.