Si la historia es esa temporalidad intersubjetiva en la que estamos inmersos, es obvio que continuamos permaneciendo en ella. Resulta, pues, impropio afirmar, como hacen algunos, que la historia ha terminado. Somos nosotros quienes la hemos abandonado, y en el presente libro Manuel Cruz intenta reconstruir precisamente el discurso de esa despedida.