Para hablar de la ausencia definitiva del padre, la poesía de Santiago Espinosa no apela al tono dramático que se presume en un libro de duelo. Por el contrario, en las imágenes rotas que la memoria recupera hay una levedad que agradecemos, capaz de comunicar, con enorme sutileza, lo que se escapa irremediablemente. Y también lo que llega: la vida de la hija. Así, el vínculo se reconstruye con la voz honesta del poeta, que traza sus signos con dolor contenido, pero también con guiños de humor, benevolencia, agradecimiento. Un bello libro