La obra integra una iconografía completa de México: las tradiciones populares, los movimientos sociales y la cultura, a través de fotografías, seleccionadas por Déborah Holtz, así como recuerdos y lecturas de Monsiváis. El cronista evoca los momentos decisivos y cotidianos de la nación: los avatares, las creencias, las devociones, las pasiones, los placeres y el puro gusto de un pueblo.