Reseña de los Cuentos completos de Clarice Lispector

Por: Naikelly Rojas Cabrejo

Si es la primera vez que el lector se interesa por el nombre de Clarice Lispector, sus cuentos completos no podrían ser un mejor comienzo. Y para el lector iniciado —el lector fanático, como dice Moser en el prefacio— esta edición es fundamental: presenta los 85 relatos recogidos en la edición de las obras completas al inglés dirigida por Benjamin Moser. Además, es la primera vez que todos los relatos son traducidos al español por una sola pluma, la de Paula Abramo, poeta y traductora mexicana.

La lectura de Lispector se siente como un gran descubrimiento. Y es que, además de la variedad de personajes que le interesan —gallinas, niños, cucarachas, adolescentes, un huevo, etc.—, su estilo es mutable, siempre atento a la posibilidad de quebrarse, como si deseara revelar su carácter provisional e inacabado: “Llamar blanco a lo que es blanco puede destruir a la humanidad(…). La ley general para que sigamos vivos: es posible decir «una cara bonita», pero quien diga «la cara» se muere; por agotar el tema”, dice la narradora de “El huevo y la gallina” con su singular sentido del humor. 

La narradora de estos cuentos le exige al lector que participe, que sea astuto y versátil, capaz de formular preguntas y abrazar la incomprensión al mismo tiempo. Su prosa hurga con decisión en las zonas menos comunicables de la experiencia: describe largamente la impotencia de la espera, descompone la materialidad de los objetos, diluye la identidad misma de sus personajes y, sobre todo, indaga en la naturaleza del sufrimiento, el amor y la piedad: “hacía del amor un cálculo matemático equivocado: pensaba que, al sumar las comprensiones, amaba. No sabía que cuando se suman las incomprensiones es cuando se ama de verdad. Porque, sólo por sentir cariño, pensé que amar era fácil. Y porque no quise el amor solemne, no comprendí que la solemnidad ritualiza la incomprensión y la convierte en ofrenda”, dice la narradora de “Perdonando a Dios” cuando descubre que para poder amar al mundo no hay que entenderlo.

En sus relatos, el material de la narración casi siempre está hecho de la agitación que se produce, puertas adentro, ante la espera o el descubrimiento de algo: en “El triunfo”, su primer cuento, la ausencia del marido —que implica un encuentro consigo misma— obliga a la protagonista a descubrir la vida de las cosas: “Él lo era todo. Sólo él existía. Él se había ido. Y las cosas no estaban completamente desprovistas de encanto. Tenían una vida propia”; y en “Amor”, un ciego que masca chicle en el tranvía es el detonante de la revelación de la protagonista. En muchos de sus relatos un mínimo gesto, o un pequeño accidente, logra alterar la pretendida armonía del mundo.

Sin embargo, las epifanías de Lispector están hechas de luz y sombras: la iluminación nunca es definitiva, como tampoco lo es la comprensión de su obra. Esta perspectiva que se abre en las revelaciones de sus personajes amplifica el misterio del mundo, como si de pronto se encendiera una lámpara en algún oculto y abandonado sótano de la experiencia: “El mundo, a un tiempo imaginario, era un mundo para comérselo a mordidas, un mundo de voluminosas dalias y tulipanes. Parásitas frondosas recorrían los troncos, el abrazo era suave, estrecho. Como la repulsión que antecedía a una entrega: era fascinante, la mujer sentía asco, y era fascinante (…) el mundo era tan rico que se pudría”. La narrativa de Lispector —siempre experimental, siempre provisional— privilegia una mirada amplia y desjerarquizada de la realidad, una perspectiva caótica y desbordada, un vértigo aterrador y fascinante al que los lectores, complacidos, volvemos una y otra vez, ávidos de incomprensión.

Naikelly Rojas Cabrejo es profesional de Estudios literarios de la Universidad Nacional de Colombia y se dedica a la corrección y edición de textos. Entre sus intereses se destaca la realización de radio y pódcast sobre literatura. Actualmente hace parte del semillero Poesía en movimiento del Instituto Caro y Cuervo y es una de las realizadoras del pódcast sobre poesía colombiana El huso de las palabras.

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